En los últimos años, los avances tecnológicos han sido los representantes del progreso científico mundial. Las súper especializaciones prometían el abordaje efectivo que nuestros pacientes necesitaban con la rigurosidad y especificidad que esta era de Medicina Basada en la Evidencia nos exigía. Pero como contracara, el acto médico sufrió una progresiva despersonalización llevándonos a un rol más técnico, con la consecuente pérdida de la relación humana que implica el binomio enfermo-terapeuta.
Es quizás por esto último, que de forma paralela a este progreso del modelo médico posmoderno estamos asistiendo a un marcado crecimiento de enfoques terapéuticos etiquetados por la medicina oficial como “alternativos”. Tan es así que se estima que más del 50% de los americanos han realizado alguna consulta con un médico especializado en alguna de estas medicinas. En el mismo sentido, las principales revistas médicas y grupos científicos del mundo han desarrollado espacios de interés para la investigación del potencial efecto que estos enfoques terapéuticos poseen. Dado que en numerosos casos los resultados de los trabajos han demostrado la eficacia de estas medicinas, muchos médicos pregonaron el término “complementario” como nueva etiqueta para referirse a estas estrategias terapéuticas.
Sin embargo en la actualidad son cada vez más frecuentes los profesionales que sin dejar de lado su práctica médica habitual, utilizan herramientas de otras medicinas para el abordaje integral de sus pacientes. Esto se debe, al menos en parte, a la oficialización de la enseñanza de estos modelos como formación de postgrado en distintas universidades de nuestro país.
De esta manera, el término Medicina Integrativa se adecua mejor para referirse al uso racional de todas las herramientas terapéuticas disponibles para el abordaje complejo y efectivo de los pacientes. Si a estas prácticas además las confrontamos con los trabajos científicos disponibles hasta la fecha, podremos apartarlas del cono de oscuridad que supone para la ciencia oficial el empirismo, para establecerlas de forma definitiva como estrategias validas y efectivas.
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